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¿Tu marido no valora lo que haces en casa cuando estás con los hijos? Con esta solución callará para siempre


Son muchas las parejas que discuten a menudo por lo que hacen o dejan de hacer en casa. Tener un hijo, o más de uno, aumenta exponencialmente las responsabilidades en casa, y cuando la madre se centra en los cuidados del bebé o los niños, y además trata de mantener la casa de manera que no se venga abajo (cuando los niños son capaces de meter y sacar cosas de los cajones, por ejemplo), muchos hombres se quejan al llegar a casa porque ven que hay todavía mucho por hacer.
¿Te ha pasado? ¿Tu marido no valora lo que haces en casa cuando estás con los hijos? Con esta solución callará para siempre.

¿Cómo pueden llegar a quejarse?

Porque no saben. No son conscientes de lo duro que puede llegar a ser cuidar de un bebé que no se asemeja al bebé tipo del que todo el mundo habla. Nos dicen siempre que los bebés son adorables y que solo comen y duermen, y las madres y los padres piensan que el recién nacido sólo les va a robar unos minutos cada varias horas para comer un poco y luego volverse a dormir.
Conozco mujeres que han dicho que iban a aprovechar la baja maternal, además de para cuidar al bebé, para hacer ciento y una cosas, proyectos que tenían pendientes, estudiar, avanzar algo que tenían detenido, porque cuatro meses dan para mucho.
Y luego se dan cuenta de que la historia que te cuentan puede no cumplirse (casi nunca se cumple), y que los bebés comen y duermen, pero también lloran, se quejan, quieren brazos, no consienten que les dejes solos, lloran incluso en brazos, gritan cuando quieren hacer caca y no pueden, y un largo etcétera que hace que la mujer se vea "secuestrada" y el marido no entienda nada.
Que llega a la tarde y dice "cómo está todo, ¿no has hecho nada?", que enciende el enfado de ella que no puede más y le dice "toma al niño, que me voy a la ducha", mientras él lo coge sorprendido porque ve que la casa está lejos de estar recogida.
Algunos hombres, espero que la mayoría, hablan de esto con ellas y pronto entienden que ser padres es más duro de lo que pensaban. Incluso hablan con algún amigo padre que les confirma que es bastante durillo porque la gente anima mucho a que tengas hijos pero luego apenas te ayuda.
A partir de ese momento se dan cuenta de lo idiotas que han sido diciendo eso y cambian su discurso para pasar a arremangarse en la casa, con el niño y con ella, en plan: somos un equipo, somos una familia.
Discusiones de pareja
Otros hombres lo ven diferente y no dejan de discutir o de soltar alguna de vez en cuando. Que si "mi madre crió a cuatro, no puede ser tan difícil con uno", "será que lo tienes tanto en brazos que lo has hecho dependiente", "deberías dejarlo solo, aunque llore, que así no avanzas" o la conocida "no es justo que yo llegue de trabajar cansado y me tenga que poner con la casa porque no has hecho prácticamente nada".

¿Tu marido es de estos? Aquí la solución

En realidad no es una solución agradable de tomar para una mujer, pero para que un hombre pueda valorar el trabajo que llega a hacer en casa, pese a no ser remunerado, tiene que entender en qué consiste.
Si hablándolo se da cuenta, perfecto. Si hablándolo no se da cuenta, y como decimos se queja de todo lo que él hace y de lo poco que considera que la madre hace, porque ella "solo" tiene que estar por la casa y los niños, puede llegar un momento en el que la relación esté tensa, muy tensa. Él presionándola para que llegue a más, y ella presionando para que él haga más. Y al final uno cede, y a menudo es ella, que intenta hacer más de lo que puede a riesgo de un día reventar.
Pues antes de reventar, si quieres intentarlo, haz lo siguiente: vete de casa y déjale al bebé, o a los niños. Si toma pecho no podrá ser mucho rato, porque tendrás que volver para amamantarlo, pero si ya come o toma biberón puedes perfectamente decirle que es cosa suya. Que tienes cosas que hacer y que te vas muy tranquila porque, total, "cuidar de los niños no es para tanto", como siempre te dice.
Ah, y que se acuerde de sacar la ropa de la lavadora cuando acabe, que haga la comida y que ponga a lavar los platos y todo lo que esté pendiente para que, cuando vuelvas a casa, esté todo tal y como a él le gustaría que estuviera cuando llega y se queja.

La mujer que se fue de casa; el hombre que escribió una carta

Corre por internet una carta, muy compartida, de un hombre cuya mujer se fue de casa, harta de sus exigencias, dejándolo solo con los niños. La comparto pese a no ser verídica porque bien podría serlo.
Y es que, de igual modo que los hombres más implicados en el cuidado de los hijos se dan cuenta de que no es algo fácil, y que cuesta poder hacer otra cosa cuando estás con ellos, los que se implican menos no tardan en descubrirlo cuando, por lo que sea, les toca hacer lo que normalmente hace ella.
Os dejo con la carta:
Mi amor: Hace dos días tuvimos una fuerte discusión. Yo había llegado cansado de los problemas del trabajo. Eran las 20:00 de la noche y lo único que quería era sentarme en el sillón a ver el partido.
Al verte te encontré agotada y de malas. Los niños estaban peleando y el bebé lloraba mientras tú lo tratabas de dormir.
Yo sólo subí el volumen de la tele.
– No estaría mal que me ayudaras un poco y que te involucraras más en la crianza de tus hijos - me dijiste con enfadada mientras bajabas el volumen de la tele.
Yo molesto te contesté que “yo me pasaba todo el día trabajando para que tú pudieras quedarte a jugar en casa a las muñecas”.
La discusión se hizo larga. Tú llorabas de impotencia y de cansancio. Yo dije cosas crueles. Me gritaste que ya no podías más. Te fuiste de casa llorando y me dejaste solo con los niños.
Yo tuve que darles de cenar a los niños y acostarlos. Al día siguiente no habías vuelto, tuve que pedir el día libre a mi jefe y quedarme a cuidar a los niños.
Viví los berrinches y los llantos.
Viví el estar corriendo sin parar y no tener un momento ni para bañarse.
Viví el tener que preparar la leche, vestir a un niño y limpiar la cocina al mismo tiempo.
Viví el estar encerrado todo el día sin hablar con nadie mayor de diez años.
Viví el no poder comer tranquilo, sentado en una mesa y a mi tiempo por estar persiguiendo a un niño.
Viví el estar tan agotado física y mentalmente que sólo deseaba dormir 20 horas seguidas pero tener que despertarme a las tres horas de haberme dormido porque el bebé estaba llorando.
Viví dos días y dos noches en tus zapatos y te puedo decir que ahora lo entiendo.
Entiendo tu cansancio.
Entiendo que ser mamá es una renuncia constante.
Entiendo que es más agotador que 10 horas entre tiburones empresariales y decisiones económicas.
Entiendo la tristeza de que renunciaras a tu profesión y a tu libertad económica por no perderte el estar presente en la crianza de tus hijos.
Entiendo la incertidumbre que sientes de que tu economía ya no depende de ti, sino de tu pareja.
Entiendo los sacrificios de no tener tiempo de salir con tus amigos, hacer ejercicio o dormir toda la noche completa.
Entiendo lo difícil que puede llegar a ser sentirse encerrado cuidando niños y sintiendo que te pierdes lo que ocurre afuera.
Hasta entiendo el enfado de que mi madre critique tu forma de educar a nuestros hijos porque nadie va a saber qué es lo mejor para sus hijos que su propia madre.
Entiendo que al ser mamá llevas la carga más pesada de la sociedad. La que nadie reconoce, ni valora, ni remunera.
Te escribo esta carta no sólo para que vuelvas porque te extraño, sino porque no quiero que pase otro día más sin que te diga antes de acabar el día:
“Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro”.
De verdad, es que incluso aquellos que participamos de la crianza y educación de nuestros hijos estamos lejos de entender todo lo que nuestras parejas han llegado a hacer por sus hijos, nuestros hijos, y lo que hacen en el día a día cuando deciden quedarse en casa para cuidarlos.
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Así que eso es lo que las mujeres deberías escuchar de nosotros: que si no fuera por vosotras, lo tendríamos crudo. Y que lo estáis haciendo genial, que los niños tienen mucha suerte de teneros y que tenéis toda nuestra admiración y apoyo, porque lo valéis.
Si no es esto lo que os dicen, ya sabéis: dejadles los niños. No falla.

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